La fiscalía de Derechos Humanos de Junín ha solicitado la detención de ocho miembros de la Compañía Especial de Comandos Pachacútec N.° 31 del Ejército, que participaron en un operativo que concluyó con la muerte por armas de fuego de cinco jóvenes que se desplazaban en un vehículo en la zona de Colcabamba (Tayacaja, Huancavelica), el pasado 25 de abril.

De acuerdo con la versión inicial del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CCFFAA), los efectivos del Ejército intervinieron el vehículo porque habían recibido información de inteligencia sobre la relación de los pasajeros con actividades del narcotráfico. Además, el conductor hizo caso omiso a la señal de detenerse, por lo que los uniformados tuvieron que disparar sus fusiles de largo alcance.

Los familiares de las víctimas y dos sobrevivientes que eran parte de los pasajeros desmintieron el comunicado oficial.

El fiscal especializado en Derechos Humanos, Johel Chamorro Makucachi, concluyó que los efectivos del Ejército vulneraron las normas al comprobar ‘el empleo arbitrario, innecesario y desproporcionado de la fuerza letal (armamento)’ en agravio de los cinco fallecidos, por lo que les imputó el delito de homicidio calificado en el grado de tentativa, en el contexto de graves violaciones a los derechos humanos.

El fiscal Chamorro señala que las necropsias revelaron que las víctimas recibieron grandes cantidades de impactos de bala en el cuerpo. Foto: La República

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Requiere prisión preventiva

Además de formalizar la investigación para requerir el inicio del enjuiciamiento por homicidio calificado, el fiscal ha solicitado la prisión preventiva de los ocho miembros del Ejército involucrados en el crimen.

Ellos son: el capitán Luis Montenegro Pardo, el teniente Brayan Fernández Dett y los suboficiales Douglas Villacorta Saboya, Edilberto Marcos Guerra, Andy Sánchez Ríos, Américo Vásquez Rojas y Mariano Fernández Córdova.

El fiscal Johel Chamorro relata en su resolución que, en cumplimiento de su misión, los militares colocaron obstáculos en la carretera para que los vehículos se detuvieran y fueran intervenidos. Sin embargo, el conductor colombiano Nilson Montenegro Valencia los esquivó y siguió de largo, momento en que los militares realizaron los disparos.

‘Sin que exista evidencia objetiva de que hubiera desplegado una agresión letal o una amenaza real e inminente contra la vida de los militares por parte de las personas civiles de la camioneta, los imputados (los militares), lejos de realizar acciones preventivas, efectuaron múltiples disparos con armamento de guerra directamente contra el vehículo y sus ocupantes, impactando al conductor y provocando la pérdida de control de la unidad, que terminó despistándose y quedando inmovilizada al borde de un precipicio’, describe el fiscal Chamorro.

Pero ahí no quedó todo.

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Hasta el último disparo

Los militares retornaron al lugar y remataron a las víctimas que se encontraban en la camioneta.

‘Una vez que el vehículo quedó completamente detenido y neutralizado, cesó cualquier eventual situación de riesgo que pudiera justificar el empleo de fuerza letal. No obstante, los imputados continuaron realizando múltiples disparos contra la camioneta y contra las personas que se encontraban en su interior’, destaca el fiscal.

Al no encontrar droga, como suponían, los militares ‘volvieron a efectuar disparos contra la unidad vehicular y contra quienes permanecían dentro de ella, produciendo nuevas lesiones y ocasionando, entre otros resultados, que Jhonatan Águila Gutiérrez fuera impactado por proyectiles de arma de fuego en la cabeza y en la región glútea’, describe el fiscal la conducta punible de los uniformados.

Murieron como consecuencia del ataque con fusiles SCAR-L Nilson Montenegro Valencia, Cristian Vilcatoma Águila, Jaime Bendezú Paraguay, Wilder Sevipaucar y William Núñez Soto.

Las necropsias dejaron en evidencia la brutalidad de la acción militar.

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Que nadie quede vivo

El cuerpo del chofer Nilson Montenegro Valencia presentaba 51 orificios; en el caso de Cristian Vilcatoma Águila, 16. El primero estaba en el asiento del piloto y el segundo, en el del copiloto.

Wilder Romero Sevipaucar recibió 12 tiros; William Soto Núñez, ocho (estaba en la tolva); y Jaime Bendezú Paraguay, tres.

No hubo intención de detenerlos. Dispararon a matar.

‘Las víctimas presentaban un patrón lesional homogéneo, altamente letal y concentrado, principalmente en regiones anatómicas vitales como el cráneo y el tórax, evidenciándose múltiples impactos por proyectiles de arma de fuego, trayectorias lesivas convergentes y direccionalidad en la producción del daño’, refiere la resolución fiscal.