La inseguridad alimentaria moderada o grave afecta al 22,9% de la población de América Latina y el Caribe entre 2023 y 2025, según un informe de cinco organismos especializados de Naciones Unidas (ONU). El mayor impacto de la región se concentra en Haití, donde el 83,5% de sus habitantes enfrenta dificultades para acceder a una alimentación suficiente y adecuada.

El reporte fue elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef.

Según el documento, esta situación significa que millones de personas tuvieron que reducir la cantidad de alimentos consumidos o recurrir a productos de menor calidad.

Después de Haití, los niveles más elevados de inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe corresponden a Jamaica (55,8%), Guatemala (49%), El Salvador (41,7%), República Dominicana (41,3%) y Honduras (39,3%). En Sudamérica, los países con mayores registros fueron Perú (33,6%), Argentina (31,7%), Ecuador (31,1%) y Bolivia (29,6%).

El informe también refleja una marcada diferencia dentro del continente. Mientras algunos países mantienen niveles elevados de población afectada, otros presentan cifras como Brasil (9,6%), Belice (12,8%), Costa Rica (13,9%), Uruguay (15,5%) y Chile (16%).

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América Latina reduce el hambre, pero mantiene desafíos estructurales

Aunque la inseguridad alimentaria continúa siendo un problema regional, los organismos de la ONU registraron una disminución del hambre en América Latina y el Caribe. En 2025, el 4,8% de la población, equivalente a unos 32 millones de personas, padeció hambre, una reducción de más de un millón de personas respecto a 2024 y de 7,5 millones frente al período de la pandemia en 2020.

«En América Latina y el Caribe y en Asia se han registrado progresos constantes en los últimos años y las nuevas estimaciones para África parecen indicar que se ha frenado la prolongada tendencia al alza del hambre en la región», señala el informe conjunto.

Sin embargo, los avances no eliminaron las diferencias sociales y territoriales. El reporte indica que la inseguridad alimentaria sigue siendo más frecuente en zonas rurales que en áreas urbanas y periurbanas. Además, las mujeres continúan siendo afectadas de manera desproporcionada, aunque la brecha de género mostró una ligera reducción durante 2025.

La crisis alimentaria continúa a nivel mundial

A escala global, 2.100 millones de personas, equivalentes al 25,8% de la población mundial, enfrentaron inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025. La cifra representa una reducción frente al 27,1% registrado en 2024 y al 28,7% de 2020.

El continente más afectado fue África, donde el 56,6% de la población sufrió inseguridad alimentaria moderada o grave. En contraste, Asia registró un 20,3%, mientras que América del Norte y Europa alcanzaron un 8,7%.

En cuanto al hambre, la ONU estima que el 7,8% de la población mundial la padeció en 2025, equivalente a unos 645 millones de personas. Esta cifra representa una disminución frente al 8,1% de 2024 y al 8,6% registrado en 2022.

«Todo ello confirma una mejora sostenida, aunque lenta», afirmó la FAO al presentar los resultados del informe.

Los organismos internacionales advierten que, pese a la reducción de algunos indicadores, la inseguridad alimentaria continúa vinculada a factores económicos, sociales y territoriales que mantienen en situación de vulnerabilidad a millones de personas, especialmente en países con mayores niveles de pobreza.