Rosa y Sixto dejaron atrás la ciudad hace casi tres décadas para instalarse en una zona aislada de la Amazonía ecuatoriana, cerca del río Napo. Desde entonces, su vida gira alrededor de la tierra, los animales y los recursos que tienen a su alcance.

En su parcela cultivan yuca, banana, ají y frutas, mientras crían gallinas para obtener carne y huevos. Cuando necesitan dinero para afrontar algún gasto, venden parte de su producción, una dinámica que les ha permitido sostener a su familia durante años.

La producción de su chacra y la crianza de gallinas son esenciales para su alimentación e ingresos, permitiendo además cubrir las necesidades educativas de sus cinco hijas.

La producción de su chacra y la crianza de gallinas son esenciales para su alimentación e ingresos, permitiendo además cubrir las necesidades educativas de sus cinco hijas.

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Una vida marcada por la tierra y el aislamiento

La vivienda de Rosa y Sixto está rodeada por su propia chacra y se encuentra en una zona donde no existen caminos asfaltados. Para llegar hasta allí es necesario combinar largos trayectos por carretera con varias horas de navegación por el río Napo.

El aislamiento también determina sus horarios y actividades diarias. Rosa contó que ahora comienza sus labores cerca de las 5.00 a. m. para evitar las horas de mayor calor y regresa a casa entre las 10.00 y 11.00 a. m. para preparar el desayuno.

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Así lograron sostener a su familia en la selva

La producción de la chacra es fundamental para la alimentación de la familia. La pareja consume parte de lo que cultiva y aprovecha la crianza de gallinas para obtener carne, huevos y, cuando es necesario, ingresos para cubrir otros gastos.

Rosa contó que tiene cinco hijas y que la venta de aves y productos de la granja también le permitió afrontar necesidades relacionadas con su educación. Pese a las dificultades propias de vivir lejos de las ciudades, la familia logró adaptarse a una vida marcada por el trabajo de la tierra y la convivencia comunitaria.