En el Perú, la mayoría de embarazos adolescentes no responde a decisiones libres, sino a historias marcadas por violencia sexual, maternidades forzadas, pobreza y abandono estatal. Esa realidad, sostienen especialistas, quedó fuera del primer Mensaje a la Nación de la presidenta Keiko Fujimori.

Aunque la lideresa anunció un programa multisectorial para reducir el embarazo adolescente, no explicó cómo enfrentará los factores que lo alimentan ni mencionó herramientas como la educación sexual integral o la protección frente a la violencia.

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Violencia invisibilizada

La exministra de la Mujer Diana Miloslavich advierte que el mensaje dejó de lado uno de los principales factores asociados al embarazo adolescente: la violencia sexual. “Estos embarazos pueden ser producto de uniones tempranas, pero también de maternidades forzadas o violencia sexual”, afirmó.

Además, recordó que el propio plan de Gobierno reconoce fuertes brechas territoriales. Mientras la tasa de embarazo adolescente alcanza el 5,1% en la costa urbana, llega al 28,6% en la selva rural, una diferencia que —afirma— exige políticas con enfoque de género e interculturalidad.

Más allá de las cifras

Para la excongresista Rocío Silva Santisteban, la propuesta parte de un diagnóstico incompleto al dejar fuera la impunidad frente a la violencia y las condiciones que enfrentan miles de niñas, especialmente en zonas rurales, como las menores awajún. “Si no se tiene un marco específico vinculado con las violaciones, no se va a poder reducir el embarazo adolescente porque se parte de una idea equivocada de la realidad”, sostuvo.

La activista cuestionó además que la educación sexual integral siga siendo descartada por razones ideológicas, pese a que organismos internacionales la consideran una herramienta clave para prevenir embarazos tempranos.

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Sin una mirada integral

Para Susana Chávez, directora ejecutiva de Promsex, el problema no puede abordarse únicamente desde la prevención. Sostiene que la política debe garantizar la autonomía reproductiva de las adolescentes y fortalecer el rol del sector Salud. “Uno de los aspectos fundamentales es que las mujeres puedan decidir cuándo tener un embarazo y acceder a los servicios necesarios para ello”, señaló.

Chávez considera que excluir la educación sexual integral limita cualquier estrategia, pues también contribuye a reducir desigualdades y ampliar el acceso a información y métodos anticonceptivos.

Proyectos de vida truncados

Desde la perspectiva del desarrollo adolescente, la antropóloga Nani Pease sostiene que el anuncio presidencial reduce el problema a una meta estadística, sin explicar cómo se fortalecerán los proyectos de vida de niñas y adolescentes.

“Cuando se habla únicamente en términos preventivos del embarazo adolescente, parece que fuera una situación que se resuelve solo con información y no con una mirada integral del desarrollo adolescente”, indicó.

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Una meta sin hoja de ruta

El plan de Gobierno de Fuerza Popular incorpora medidas que no fueron desarrolladas en el Mensaje a la Nación, como el fortalecimiento de habilidades socioemocionales, la prevención del VIH y la creación de un sistema especializado para niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual.

Sin embargo, las especialistas advierten que estos lineamientos siguen siendo muy generales y carecen de una hoja de ruta, presupuesto y acciones concretas para su implementación.

Más que cuestionar la meta, las expertas ponen el foco en el camino para alcanzarla. Coinciden en que reducir el embarazo adolescente exige enfrentar las causas que lo originan: la violencia sexual, las brechas de acceso a educación y salud, la desigualdad de género y la falta de protección para niñas y adolescentes. Sin esos componentes, advierten, cualquier política de Estado corre el riesgo de convertirse en un compromiso difícil de traducir en resultados.